viernes, 8 de octubre de 2010

«Sobre el concepto de ser humano no hay una opinión unánime»




Así se manifestaba la ministra de igualdad esta semana y añadía: «El Estado debe proteger la vida del no nacido y ello debe hacerse desde el inicio de la gestación y hasta el momento del nacimiento»... (pero) «abortar no supone acabar con una vida humana porque sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime, una evidencia científica, ya que por vida humana nos referimos a un concepto complejo basado en ideas o creencias filosóficas, morales, sociales y, en definitiva, sometida a opiniones o preferencias personales».

La ministra reconoce que sobre "la humanidad" del no nacido existen discrepancias profundas, luego no debería haber dicho que "abortar no supone acabar con una vida humana", debería haber dicho mejor que desde "su" concepción, la de su ideología, de lo que es vida humana abortar no es matar a una persona. Y que admite que para otras personas abortar sí es asesinar a una persona, y también debería admitir que por lo menos existen dudas en la sociedad de que cuando se aborta se está matando a un niño y no se trata de un órgano desechable más, como una apendicitis.

Curiosamente al día siguiente de las declaraciones de la ministra, Zapatero promovió la creación de "la Comisión Internacional contra la pena de muerte" en la misma Moncloa y después del acto declaraba: (la muerte de muerte) «es el último residuo de un tiempo pasado y cuando desaparezca habremos convertido a la humanidad en más digna, los seres humanos en más libres y la civilización entrará en una etapa de mucha más riqueza para el despliegue de todo el pontencial de los seres humanos». También calificaba a la pena de muerte de "espanto".

En los juicios que se hacen en países como EEUU, se tiene como prevención para aplicar la pena de muerte que no exista alguna duda razonable sobre la culpabilidad del encausado para aplicarle la máxima pena, porque si existiera una duda ya no se le puede condenar, por que se trata de una pena "irreversible", y una vez aplicada no hay forma de poder subsanarla en caso de equivocación. Y además los condenados a la pena de muerte pasan años en el "corredor de la muerte" apelando a todos los tribunales superiores posibles, que vuelven a revisar los casos cada vez.

Con el aborto se condena a muerte a cientos de miles de niños cuando existen dudas razonables de que se esté matando a personas, de que un feto no es sólo un tejido más. Cuando existe en la sociedad un debate abierto de forma permanente sobre si lo que se mata con el aborto es un ser humano o no. Y al contrario que con la pena de muerte aplicada en países como EEUU, no se tiene en cuenta esta duda "razonable" para aplicar una pena de muerte al no-nacido, que es irreversible. Tampoco se puede apelar para que se estudie detenidamente cada una de las condenas a muerte aplicada a cada uno de los niños no-nacidos.

Justificar un día el aborto y al día siguiente luchar contra la pena de muerte parece una gran hipocresía.

Pero desgraciadamente la ministra tiene algo de razón al decir que «sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime». porque nuestro Tribunal Constitucional dictaminó que matar a los niños no-nacidos por causa de ser minusválidos o ser causa de una violación, cabe dentro de nuestra constitución. Luego ya estábamos admitiendo que en nuestra ley suprema cabe un concepto del ser humano opinable, estábamos admitiendo que un niño no-nacido con alguna malformación es un ser distinto al ser humano con alguna malformación ya nacido, porque a éste a diferencia del aún no-nacido NO se le puede matar.

Cuando hemos estado aceptando y/o tolerando la ley anterior, incluso cuando se hacía con reparos, estábamos sembrando la semilla de la ambigüedad sobre quien es un ser humano y qué no lo es. Y de aquellos polvos, estos lodos.

lunes, 16 de febrero de 2009

ABORTO, EUTANASIA Y DERECHOS HUMANOS.

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Las opciones contra la vida proceden, a veces, de situaciones difíciles o incluso dramáticas de profundo sufrimiento, soledad, falta total de perspectivas económicas, depresión y angustia por el futuro. Estas circunstancias pueden atenuar incluso notablemente la responsabilidad subjetiva y la consiguiente culpabilidad de quienes hacen estas opciones en sí mismas moralmente malas. Sin embargo, hoy el problema va bastante más allá del obligado reconocimiento de estas situaciones personales. Está también en el plano cultural, social y político, donde presenta su aspecto más subversivo e inquietante en la tendencia, cada vez más frecuente, a interpretar estos delitos contra la vida como legítimas expresiones de la libertad individual, que deben reconocerse y ser protegidas como verdaderos y propios derechos.

De este modo se produce un cambio de trágicas consecuencias en el largo proceso histórico, que después de descubrir la idea de los « derechos humanos » —como derechos inherentes a cada persona y previos a toda Constitución y legislación de los Estados— incurre hoy en una sorprendente contradicción: justo en una época en la que se proclaman solemnemente los derechos inviolables de la persona y se afirma públicamente el valor de la vida, el derecho mismo a la vida queda prácticamente negado y conculcado, en particular en los momentos más emblemáticos de la existencia, como son el nacimiento y la muerte.

Por una parte, las varias declaraciones universales de los derechos del hombre y las múltiples iniciativas que se inspiran en ellas, afirman a nivel mundial una sensibilidad moral más atenta a reconocer el valor y la dignidad de todo ser humano en cuanto tal, sin distinción de raza, nacionalidad, religión, opinión política o clase social.

Por otra parte, a estas nobles declaraciones se contrapone lamentablemente en la realidad su trágica negación. Esta es aún más desconcertante y hasta escandalosa, precisamente por producirse en una sociedad que hace de la afirmación y de la tutela de los derechos humanos su objetivo principal y al mismo tiempo su motivo de orgullo. ¿Cómo poner de acuerdo estas repetidas afirmaciones de principios con la multiplicación continua y la difundida legitimación de los atentados contra la vida humana? ¿Cómo conciliar estas declaraciones con el rechazo del más débil, del más necesitado, del anciano y del recién concebido? Estos atentados van en una dirección exactamente contraria a la del respeto a la vida, y representan una amenaza frontal a toda la cultura de los derechos del hombre. Es una amenaza capaz, al límite, de poner en peligro el significado mismo de la convivencia democrática: nuestras ciudades corren el riesgo de pasar de ser sociedades de « con-vivientes » a sociedades de excluidos, marginados, rechazados y eliminados. Si además se dirige la mirada al horizonte mundial, ¿cómo no pensar que la afirmación misma de los derechos de las personas y de los pueblos se reduce a un ejercicio retórico estéril, como sucede en las altas reuniones internacionales, si no se desenmascara el egoísmo de los Países ricos que cierran el acceso al desarrollo de los Países pobres, o lo condicionan a absurdas prohibiciones de procreación, oponiendo el desarrollo al hombre? ¿No convendría quizá revisar los mismos modelos económicos, adoptados a menudo por los Estados incluso por influencias y condicionamientos de carácter internacional, que producen y favorecen situaciones de injusticia y violencia en las que se degrada y vulnera la vida humana de poblaciones enteras?

¿Dónde están las raíces de una contradicción tan sorprendente?

Podemos encontrarlas en valoraciones generales de orden cultural o moral, comenzando por aquella mentalidad que, tergiversando e incluso deformando el concepto de subjetividad, sólo reconoce como titular de derechos a quien se presenta con plena o, al menos, incipiente autonomía y sale de situaciones de total dependencia de los demás. Pero, ¿cómo conciliar esta postura con la exaltación del hombre como ser « indisponible »? La teoría de los derechos humanos se fundamenta precisamente en la consideración del hecho que el hombre, a diferencia de los animales y de las cosas, no puede ser sometido al dominio de nadie. También se debe señalar aquella lógica que tiende a identificar la dignidad personal con la capacidad de comunicación verbal y explícita y, en todo caso, experimentable. Está claro que, con estos presupuestos, no hay espacio en el mundo para quien, como el que ha de nacer o el moribundo, es un sujeto constitutivamente débil, que parece sometido en todo al cuidado de otras personas, dependiendo radicalmente de ellas, y que sólo sabe comunicarse mediante el lenguaje mudo de una profunda simbiosis de afectos. Es, por tanto, la fuerza que se hace criterio de opción y acción en las relaciones interpersonales y en la convivencia social. Pero esto es exactamente lo contrario de cuanto ha querido afirmar históricamente el Estado de derecho, como comunidad en la que a las « razones de la fuerza » sustituye la « fuerza de la razón ».

A otro nivel, el origen de la contradicción entre la solemne afirmación de los derechos del hombre y su trágica negación en la práctica, está en un concepto de libertad que exalta de modo absoluto al individuo, y no lo dispone a la solidaridad, a la plena acogida y al servicio del otro. Si es cierto que, a veces, la eliminación de la vida naciente o terminal se enmascara también bajo una forma malentendida de altruismo y piedad humana, no se puede negar que semejante cultura de muerte, en su conjunto, manifiesta una visión de la libertad muy individualista, que acaba por ser la libertad de los « más fuertes » contra los débiles destinados a sucumbir.

Precisamente en este sentido se puede interpretar la respuesta de Caín a la pregunta del Señor « ¿Dónde está tu hermano Abel? »: « No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? » (Gn 4, 9).

Sí, cada hombre es « guarda de su hermano », porque Dios confía el hombre al hombre. Y es también en vista de este encargo que Dios da a cada hombre la libertad, que posee una esencial dimensión relacional. Es un gran don del Creador, puesta al servicio de la persona y de su realización mediante el don de sí misma y la acogida del otro. Sin embargo, cuando la libertad es absolutizada en clave individualista, se vacía de su contenido original y se contradice en su misma vocación y dignidad.

Hay un aspecto aún más profundo que acentuar: la libertad reniega de sí misma, se autodestruye y se dispone a la eliminación del otro cuando no reconoce ni respeta su vínculo constitutivo con la verdad. Cada vez que la libertad, queriendo emanciparse de cualquier tradición y autoridad, se cierra a las evidencias primarias de una verdad objetiva y común, fundamento de la vida personal y social, la persona acaba por asumir como única e indiscutible referencia para sus propias decisiones no ya la verdad sobre el bien o el mal, sino sólo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta y su capricho.

Con esta concepción de la libertad, la convivencia social se deteriora profundamente. Si la promoción del propio yo se entiende en términos de autonomía absoluta, se llega inevitablemente a la negación del otro, considerado como enemigo de quien defenderse. De este modo la sociedad se convierte en un conjunto de individuos colocados unos junto a otros, pero sin vínculos recíprocos: cada cual quiere afirmarse independientemente de los demás, incluso haciendo prevalecer sus intereses. Sin embargo, frente a los intereses análogos de los otros, se ve obligado a buscar cualquier forma de compromiso, si se quiere garantizar a cada uno el máximo posible de libertad en la sociedad. Así, desaparece toda referencia a valores comunes y a una verdad absoluta para todos; la vida social se adentra en las arenas movedizas de un relativismo absoluto. Entonces todo es pactable, todo es negociable: incluso el primero de los derechos fundamentales, el de la vida.

Es lo que de hecho sucede también en el ámbito más propiamente político o estatal: el derecho originario e inalienable a la vida se pone en discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la voluntad de una parte —aunque sea mayoritaria— de la población. Es el resultado nefasto de un relativismo que predomina incontrovertible: el « derecho » deja de ser tal porque no está ya fundamentado sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad del más fuerte. De este modo la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental. El Estado deja de ser la « casa común » donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos. Parece que todo acontece en el más firme respeto de la legalidad, al menos cuando las leyes que permiten el aborto o la eutanasia son votadas según las, así llamadas, reglas democráticas. Pero en realidad estamos sólo ante una trágica apariencia de legalidad, donde el ideal democrático, que es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus mismas bases: « ¿Cómo es posible hablar todavía de dignidad de toda persona humana, cuando se permite matar a la más débil e inocente? ¿En nombre de qué justicia se realiza la más injusta de las discriminaciones entre las personas, declarando a algunas dignas de ser defendidas, mientras a otras se niega esta dignidad? ». Cuando se verifican estas condiciones, se han introducido ya los dinamismos que llevan a la disolución de una auténtica convivencia humana y a la disgregación de la misma realidad establecida.

Juan Pablo II
Evangelium vitae. Sobre el Valor y el Caracter Inviolable de la Vida Humana

lunes, 9 de febrero de 2009

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Una experta propuesta por el PP asegura que abortar a partir de la semana 22 es infanticidio


"La presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica, Natalia López Moratalla, manifestó hoy que "cuando una mujer aborta antes de la semana 22 de gestación se debe hablar de interrupción voluntaria del embarazo y cuando lo hace a partir de esa fecha, de infanticidio, ya que desde ese momento el feto es viable fuera del útero materno".


MADRID, 9 Dic. (EUROPA PRESS)





Aunque se acompañe de buenas intenciones sobre el necesario apoyo a las embarazadas y la adopción, el comentario de diferenciar entre la capacidad teórica de sobrevivir fuera de la madre, para hablar de infanticidio ó "interrupción voluntaria del embarazo" encierra casi todo el "relativismo" existente sobre el aborto. Hay un abismo entre el derecho a la vida ó ser víctima de un eufemismo como "interrupción voluntaria del embarazo.

Un nonato tiene derecho a la vida ¿porque puede sobrevivir ó porque es un ser humano?. 22 semanas puede ser una cifra muy variable, depende de los avances médicos del tiempo en que vivamos, dentro de 10 años la esperanza de vida fuera del útero se podría reducir a 18 semanas ó menos, también depende de la situación geográfica porque no existen los mismos medios en Europa que en África.

Esta diferenciación en la concesión de "status" responde a la apreciación más común en el tema del aborto, la "emocional". Se percibe al feto como un "amasijo de células" ó como un bebé según qué opinión, como hay que plantear un límite entre una cosa y otra se propone ésta, como se puede proponer la legalidad que ya existe, "el estricto cumplimiento de la actual ley".

Es muy perjudicial introducir en la mentalidad general una frontera en la vida de un no nacido, ser una persona con todos los derechos ó no serlo aún. Se empieza con esta concesión y se sigue por dudar cuando una vida es digna y cuando merece la pena continuarla.

Aunque se pretenda con el límite de estas 22 semanas poner una barrera para reducir el número de abortos el resultado sigue siendo dramático, sigue siendo la eliminación de vidas inocentes.

La opinión de esta experta responde al planteamiento del Partido Popular con respecto a este tema, aceptar como está la actual legislación del aborto.

jueves, 15 de enero de 2009

ESTOS HUESOS NO SON DE LOS NUESTROS, NO INTERESAN.

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Comenta Santiago González en su blog de El Mundo (1) que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica 'Pozos de Caudé' de Teruel, buscaba los restos de 12 republicanos fusilados durante la guerra en Singra, después de pedir permiso y exhumar sus restos hace un año resultaron pertenecer a 36 soldados pertenecientes a los dos bandos, según se supo por los correajes, cartucheras y botas que llevaban. Los huesos exhumados han acabado en cajas de cartón en las antiguas escuelas del pueblo sin que nadie los reclame ni los identifique. El alcalde ha denunciado que:

"la Asociación Pozos de Caudé tiene que comprar las cajas. Como no son los familiares que buscaban, pues dicen que ya las comprarán cuando sea. Pero no está bien tenerlos ahí, en unos almacenes del Ayuntamiento. Un día nos dejamos la puerta abierta y entra cualquier animal... y los problemas son para nosotros".

Es una extraordinaria parábola sobre la memoria histórica. No interesan a nadie los huesos con los que no se pueda agredir al adversario. Nadie pregunta por los muertos neutrales, que, al parecer, no tienen familiares, (ni asociación de la memoria, ni ideología) que reclamen sus restos para darles una sepultura digna.

Éste caso permite volver a plantearse la pertinencia de que asunto tan delicado esté en manos de iniciativas particulares como la ARMH y de la profesionalización de mucha gente en torno a este lamentable asunto. El abandono de los 36 cadáveres plantea una cuestión delicada: ¿Habría el mismo interés en todo esto si no hubiese dinero por medio y si los poderes públicos no hubieran excitado el celo guerracivilista en muchos conciudadanos?.

"Hacer de las fosas tumbas, no trincheras."



El gobierno Zapatero ha concedido numerosas subvenciones a asociaciones relacionadas con las víctimas de la "guerra civil" y del franquismo. En 2006, La Asociación Pozos de Caudé recibió más de 45.000 euros. La Asociación Amigos de las Brigadas Internacionales, 60.000 euros. la Asociación Cultural "Pablo Iglesias"; 22.000. La Asociación Manuel Azaña; 110.000 euros, de los que 40.000 fueron para las Jornadas sobre diputados e intelectuales represaliados por el franquismo. Club de Amigos de la Unesco de Madrid; 19.700 euros. Fundación "Rey del Corral" de investigaciones marxistas para la catalogación del archivo histórico del PCA-PCE; 33.163,32 euros. La Fundación de investigaciones marxistas; 152.000 euros. La Fundación Francisco Largo Caballero; 155.000 euros.... (2)


(1) elmundo/elblogdesantiagogonzalez
(2) http://www.boe.es/boe/dias/2006/09/13/pdfs/A32420-32422.pdf

lunes, 29 de diciembre de 2008

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El origen de ¡¡Viva Cristo Rey!!


Se trata de acontecimientos recientes, de hace unos decenios, que sin embargo parecen enterrados bajo una cortina de olvido y silencio. Aquí están contándonos por enésima vez las atrocidades, ciertas o presuntas, de los conquistadores del siglo XVI, y callando, al mismo tiempo, de manera obstinada, lo de los cristeros del siglo XX. Un silencio no casual, porque precisamente los cristeros, con su multitud de mártires indígenas, desmontan el esquema que da por forzada y superficial la evangelización de América latina.

Tratemos, pues, de refrescar un poco la memoria. Como ya hemos recordado en capítulos dedicados a la «leyenda negra» antiespañola, a principios del siglo XIX la burguesía criolla, es decir de origen europeo, luchó para liberarse de la Corona española y de la Iglesia, y tener así las manos libres para explotar a los indios, ya sin el estorbo de los gobernadores de Madrid y los religiosos. Es un «movimiento de liberación» (pero sólo para los blancos privilegiados) reunido alrededor de las logias masónicas locales, sustentadas por los «hermanos francmasones» de la América anglosajona del Norte, que precisamente a partir de ahora empieza su despiadado proceso de colonización del Sur «latino».


Cristeros del Regimiento de Valparaíso con sus familias.

Las nuevas castas en el poder en las antiguas provincias españolas llevan a cabo una legislación anticatólica, enfrentándose con la resistencia popular, constituida en su mayoría por aquellos indios o mestizos que -según el esquema actual- habrían sido bautizados a la fuerza y desearían volver a sus cultos sangrientos. En México las leyes «jacobinas» y la primera insurrección «católica» son del periodo entre 1858 y 1862.

A principios de nuestro siglo el jacobinismo liberal se hace aliado del socialismo y el marxismo locales, de manera que «entre 1914 y 1915 los obispos fueron detenidos o expulsados, todos los sacerdotes encarcelados, las monjas expulsadas de sus conventos, el culto religioso prohibido, las escuelas religiosas cerradas, las propiedades eclesiásticas confiscadas. La Constitución de 1917 legalizó el ataque a la Iglesia y lo radicalizó de manera intolerable» (Félix Zubillaga).

Cabe señalar que aquella Constitución (todavía en vigor, al menos formalmente: en sus viajes a México, las autoridades llamaron a Juan Pablo II siempre y sólo señor Woityla) no fue sometida a la aprobación del pueblo. Que no solamente no la habría aprobado, sino que en seguida dio a conocer su posición: primero mediante la resistencia pasiva y luego con las armas, en nombre de la doctrina católica tradicional, según la cual es lícito resistir con la fuerza a una tiranía insoportable.

Empezaba así la epopeya de los cristeros, así llamados, despectivamente, porque delante del pelotón; de fusilamiento morían gritando: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo y Nuestra Señora de Guadalupe!. Los insurrectos, que (igual que sus hermanos de la Vendée) militaban bajo las banderas con el Sagrado Corazón, llegaron a desplegar 200.000 hombres armados, apoyados por las Brigadas Bonitas, las brigadas femeninas para la sanidad, la subsistencia y las comunicaciones.

La guerra estalló entre 1926 y 1929. Y si al final el gobierno se vio obligado a aceptar un compromiso (y los bandoleros católicos, no obstante los éxitos, tuvieron que obedecer, contra su voluntad, a la orden de la Santa Sede y deponer las armas), fue porque la resistencia a la descristianizacion había penetrado hasta el fondo en todas las clases sociales: estudiantes y obreros, amas de casa y campesinos. Mejor dicho, en palabras de un historiador imparcial, «no hubo ni un solo campesino que, directa o indirectamente, no diera apoyo a los cristeros».

Al contrario de las revoluciones marxistas, que en ninguna parte del mundo y nunca ni siquiera en América latina pudieron realmente llegar al pueblo (esto fue evidente, por ejemplo, en Nicaragua, cuando se le dio voz al pueblo), la Cristiada mexicana fue un movimiento popular, profundo y auténtico. Centenares de hombres y mujeres de todas las clases sociales se dejaron masacrar para no tener que renunciar a Cristo Rey y a la devoción por la gloriosa Virgen de Guadalupe, madre de toda América latina. Murió fusilado, entre otros, aquel padre Miguel Agustín Pro, al que el Papa beatificó en 1988.

La resistencia más heroica se dio precisamente entre los indios del México central, que había sido cuna de los aztecas y de sus cultos negros; mientras que la casta de los «sin Dios», en el gobierno, venía de las regiones del norte, escasamente cristianizadas a causa de la supresión, en el siglo XVIII, de las misiones jesuitas.

La lucha de los cristeros en defensa de la fe fue una de las más heroicas de la historia, y ha llegado, aunque en formas no tan cruentas, hasta nuestros días. A pesar de la Constitución «atea» vigente en México desde 1917, quizás en ningún otro sitio Juan Pablo II ha tenido una acogida de masas más sincera y festiva. Y ningún santuario del mundo es tan visitado como el de Guadalupe.

¿Como explican esta fidelidad los que nos quieren convencer de que hubo una evangelización forzada, que se impuso la fe usando el crucifijo como un garrote?


Leyendas Negras de la Iglesia, de Vittorio MESSORI, publicada en versión española en 1996 por Planeta (Barcelona), en su colección "Planeta-Testimonio"




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Una película del gran director de origen irlandés, John Ford (Sean Aloysius O’Fearna), recrea el tema de la persecución religiosa en Centroamérica; "El Fugitivo" con Henry Fonda y Dolores del Río, basada en la novela de Graham Greene titulada "El Poder y la Gloria". La película transcurre en la época de la Revolución Mexicana y cuenta como un sacerdote se enfrenta al gobierno, que ha prohibido la religión y hace públicas todo tipo de disposiciones anticlericales, la policía le sigue a todas partes y él se retira a un país vecino, pero vuelve a cruzar la frontera, haciéndose pasar por campesino....




PORTADA...

jueves, 31 de julio de 2008

¿PORQUÉ ES UN ERROR PROPONER CUMPLIR LA ACTUAL LEY DEL ABORTO?

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El aborto se ha aceptado dentro de unos límites "razonables", similares en todos los países occidentales con normalidad. Se ha asumido socialmente, incluso en el ambiente conservador-católico español.

No hace falta ser católico para conocer que existe "vida humana" desde el momento de la concepción y que es única e irrepetible, pero además siendo católico existe el precepto moral de la Iglesia que prohibe cualquier colaboración con el aborto, reprobándolo de forma contundente. No se comprende que desde algunos medios de comunicación "católicos" se toleren, sin debatir, que se lancen mensajes a favor de cumplir una legislación que permite eliminar "legalmente" vidas humanas, aunque esté social y "razonablemente" aceptado. La moral católica nos enseña que existe la culpa por colaborar con el mal y el pecado de omisión.



Según los datos que conocemos, alrededor del 97% de los abortos practicados corresponden al supuesto de riesgo para la salud síquica de la madre. Se supone que dentro de este número estarían los abusos de la ley que permite abortar falsificando los informes médicos. Los partidos políticos conservadores y sus organizaciones afines (1) proponen vigilar el cumplimiento de la ley eliminando los fraudes y así, en teoría, disminuir drásticamente el número de abortos:



1- En todos los supuestos se trata de eliminar una "VIDA HUMANA", única e irrepetible y con un alma inmortal. Por métodos que van desde el "envenenamiento" al "troceamiento" dentro de la madre, cuando los fetos nacen vivos suelen ser asfixiados (2).





2- Alrededor de un 3% de los abortos lo son por "malformaciones" del feto y "enfermedades congénitas". En España las cifras totales de abortos durante el pasado año varían de 120.000 a 180.000 intervenciones. Estamos condenando a muerte de 3.600 a 5.000 niños por el hecho de ser "disminuidos físicos ó psíquicos" (3) (4).



3- Haciendo cumplir la actual ley se limitarían los fraudes en los informes médicos que supuestamente agilizan los trámites y beneficia el negocio de las clínicas abortivas, pero no elimina el hecho de que un médico ó psicólogo según "su criterio" autorice un aborto, porque se mantiene el supuesto indefinido de "riesgo psicológico para la madre".



4- Siendo realistas, dada la aceptación del aborto por un sector amplio de la sociedad, la tolerancia con la ley y la pasividad con la que han actuado los responsables políticos en los casos de abusos escandalosos de las clínicas abortivas, ¿podríamos confiar en el celo que pusieran las autoridades en hacerla cumplir?. Hace aproximadamente un año saltaba el escándalo de los fetos tirados directamente a la basura, algunos de avanzado estado de gestación, la Comunidad de Madrid gobernada por el partido que propone "hacer cumplir la ley" se NEGÓ a actuar contra la clínica implicada y recientemente no compareció en alguno de los juicios relacionados con la denuncia. Estaban próximas unas elecciones y Esperanza Aguirre pensaba más en su imagen ante los "votantes progresistas" que en la "dignidad humana" de los fetos. ¿Cuanto creemos que se reducirían "realmente" el número de abortos, confiando en el "interés real" de la autoridades en hacer cumplir la ley?
Siendo "utópicos" y muy optimistas con el cumplimiento de la ley y eliminando "el supuesto de riesgo psicológico de la madre", se podrían reducir, supongamos de 5.000 a 10.000 abortos al año, ¿5.000 asesinatos serían aceptables?. Imaginemos que cada año tuviéramos que realizar un sacrificio humano a un Dios primitivo, eligiendo 50 niños de 100 colegios para ofrecérselos.......



5- ¿Qué ordenamiento jurídico ó moral puede permitir como opción posible el asesinato de inocentes?, si se admite la eliminación de vidas humanas por convencionalismo social ¿qué ley ó principio moral va a ser exigible, sobre qué fundamento?. ¿Cómo criticar las "razones" de un terrorista ó un genocida?.
 En palabras de Juan Pablo II; "quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. NUNCA SE PUEDE LEGITIMAR LA MUERTE DE UN INOCENTE. SE MINARÍA EL MISMO FUNDAMENTO DE LA SOCIEDAD"



6- La aceptación social del aborto por parte de los conservadores es una consecuencia indirecta de asumir el juego democrático. Algunos medios católicos han intentado ser "unos principios" entre los que participan en la contienda política pero han acabado imnotizados por el juego en sí. Han confundido participar en democracia con asumir de una forma más ó menos abierta la opinión de la "mayoría" como una referencia. Éste es en general el fundamento del sistema y también del "relativismo". Además por la necesidad de que ganen los teóricamente afines frente a los contrarios, como en una carrera de obstáculos en la que hay que desprenderse de lo que suponga "lastre" para llegar primero a la meta.



7- Una postura peligrosa y extremadamente perjudicial por parte de algunos medios católicos sería no proponer una postura "clara" sobre este tema, jugando a la ambigüedad de parecer que lo condenan pero permitiendo con insinuaciones y frases que se dejan caer en el momento oportuno que la opción de hacer "cumplir la actual ley del aborto" puede ser válida porque existe un opción aún peor (5). Un católico convencido no suele ser permeable a las afirmaciones negativas por parte de los sectores progresistas, sin embargo sí puede ser permeable a las que le llegan desde el ámbito católico porque confía en estos medios, así a la vez de permitir el asesinato de inocentes, se corrompe los principios morales de los católicos confiados. No nos puede extrañar que a corto ó medio plazo un católico sin una "referencia clara" acabe apoyando a un partido progresista anticristiano y a sus iniciativas. Sembrar la confusión entre los católicos con una postura poco clara, es pan de hoy para hambre de mañana, hoy conseguimos aceptación social por no contradecir a la opinión mayoritaria pero estamos educando la mentalidad de los católicos para que acabe siendo progresista.



8- Como católicos ¿qué hacer cuando la opinión de la mayoría contradice gravemente principios "no negociables", como el derecho a la vida?, ¿hasta dónde debe llegar la prudencia de no provocar más daño del que se pretende remediar?. ¿Estaríamos confundiendo "prudencia" con la comodidad de no tener que enfrentarnos a la opinión mayoritaria?. 
Seguramente ha llegado el momento de contradecir la opinión mayoritaria, enfrentarnos al ambiente de normalidad ante un crimen y defender la justicia, por "violento" que nos pueda parecer, del rechazo que recojamos y de la incomodidad. Defender la vida del inocente porque estamos tratando de salvar vidas humanas.



9- Aceptar la actual ley del aborto, aceptar "el asesinato impune dentro de la ley" es un síntoma muy grave de descomposición social que sólo puede empeorar si no reaccionamos, es asumir y apoyar un universo cruel e inhumano que la sociedad acepta con "normalidad" porque permanece oculto. Nadie discutiría el delito del asesinato de un niño porque la sencilla visión de un menor despierta nuestra empatía, sin embargo un feto se puede percibir como algo de una categoría inferior, como el proyecto de algo que será un ser humano ó en el peor de los casos, un amasijo de células, unido a la reivindicación de un supuesto derecho a decidir de la madre sobre "su cuerpo". Muchas veces se plantea diferenciar entre un feto viable ó inviable fuera de la madre, haciendo que la evolución de los avances médicos decidan sobre el derecho a la vida. 
Recientemente se le da relevancia a la situación traumática del post-aborto de las mujeres, a la falta de apoyo y la confusión que las inducen a abortar, son muy necesarias las políticas de acogimiento y orientación de las madres pero no debe hacernos desviar la atención sobre la tragedia realmente grave; el asesinato de un ser humano. Debemos superar estos condicionantes y ver a un gestante como lo que nos dice la ciencia y la moral católica "es" desde el momento de la concepción: un ser humano con todos sus derechos.



10- Debemos enfrentarnos a la corriente dominante que acepta con "normalidad" un crimen, empezando por negarle nuestro apoyo y nuestro voto a los partidos que propongan "hacer cumplir una ley del aborto, supuestamente restrictiva", que de suyo es asesina, aunque nos digan que es un "bien mayor limitar el abceso al poder de los progresistas". Las cifras y los hechos prácticos demuestran la realidad trágica que esconde en éste supuesto "mal menor".



Benedicto XVI nos pedía en su reciente viaje apostólico a EE.UU. que no temiésemos dar un testimonio "claro" y valiente de la doctrina cristiana y la defensa de la vida: "Solamente MANTENIÉNDOSE FIRMES en la enseñanza segura lograremos responder a los retos que nos asaltan en un mundo cambiante. Sólo así daremos un testimonio firme de la verdad del Evangelio y de su enseñanza moral. Éste es el mensaje que el mundo espera oír de nosotros". "Que encuentren la audacia de proclamar a Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre, y LAS VERDADES INMUTABLES que se fundamentan en Él, son verdades que nos hacen libres. Se trata de las únicas verdades que pueden garantizar el respeto de la dignidad y de los derechos de todo hombre, mujer y niño en nuestro mundo, incluidos los más indefensos de todos los seres humanos, como los niños que están aún en el seno materno".

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(1). La "Asociación Familia y Dignidad" humana formada por diputados y senadores del Partido Popular y de Unión Democrática de Cataluña propone "cumplir a rajatabla la actual ley del aborto", según ha manifestado su secretario general, Luis Peral en una entrevista reciente en el programa El Espejo de la COPE.

(2). Principales métodos de aborto; Succión o aspiración, Dilatación y curetaje (D y C), Dilatación y evacuación (D y E), Histerotomía u operación cesárea, Aborto de nacimiento parcial (D y X), Prostaglandinas, Inyección salina, Regulación menstrual, Aborto farmacológico o químico. vidahumana.org

(3). Nueve de cada 10 niños con síndrome de Down no llegan a nacer en España, según denuncia José Antonio Díez, coordinador general de ANDOC (Asociación Nacional para la Defensa del Derecho a la Objeción de Conciencia). Los abortos despenalizados por el tercer supuesto del artículo 417 bis del Código Penal (“que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas”) no llegan al 3% del total, y por tanto el año pasado fueron unos 3.000. Desde 1985 son unos 50.000. Las taras incluidas son en la práctica el SD o Trisomía 21, la Trisomía 16 y la Trisomía 18, espina bífida, anencefalia, microcefalia y malformaciones cardíacas o de extremidades aisladas. fundacionvida.net

(4). Los discapacitados, contra el aborto. El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) han calificado de "discriminatorio" y "contra los derechos humanos" el supuesto que permite abortar en caso de malformación del feto, y señaló que "uno de los derechos de los discapacitados es el derecho a nacer". fundacionvida.net

(5). Por ejemplo desde la COPE se permiten manifestaciones a favor de una ley de plazos como las de Federico J. Losantos junto a condenas rotundas.

miércoles, 2 de julio de 2008

"EL DEMONIO ES PROTESTANTE". Testimonio de mi conversión al Catolicismo

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El tiempo en que buscaba objeciones

"El Demonio es protestante", fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.

"Al principio fue el Verbo"

Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en una revista. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.
        
En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como "leyendas negras", porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al "adversario" diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.

Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un "cura nuevo", con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.

Primera confesión de mala fe

Yo aprovechaba –Dios me perdone– para sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importan tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.

Otra cosa que solía hacer –me avergüenzo al recordarla– era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.

En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.

Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.

El viejo párroco le plantó cara con santa paz.

Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan "cálido" en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.

A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.

Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.

El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.

En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi... porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.

En un aprieto que me puso, le dije: "Padre M... comencemos desde el principio" Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: "De acuerdo: al principio era el Verbo y..."

Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!

"Pastor Boullón", me dijo luego, "No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen... y por eso también fue el primer Evangélico".

Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:

—Si... fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!
—Pero Cristo les respondió con la Biblia...
—Entonces usted me da la razón, Pastor... los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien... y le tapó la boca.

Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12: "Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra"

Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito "No tentarás al Señor tu Dios". Y el demonio se alejó confundido.

Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!
       
También los demonios creen y pero no se salvan.
La táctica del demonio.


Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.

Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí –creo– brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí Hechos XVI, 31: "¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús –respondió Pablo– y te salvarás tú y toda tu casa".

Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.

Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:

—"¿Continuará la lectura de San Pablo?"
—"Ya terminé, Padre M."
—"¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 2.
—Leí en voz alta: "Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy"
—Entonces la fe...
—La fe... la fe... la fe es lo que salva.
—¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.
—¿Salvarse?
—Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva...
—...
—No se quede en silencio, Pastor... siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque "como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta" (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice "Si quieres salvarte, guarda los mandamientos" Ahí tiene usted la respuesta completa.

Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica –sólo una me basta– en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.

Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

La Biblia no es orgullosa.
"Sólo la Biblia".


Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. "Si es sólo la Biblia", me dije, "entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba".

Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.

Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de revistas y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

Nadando guardando la ropa y sufriendo.
El pago del mundo.


Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un "Pastor" protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas "no estrictamente ecuménicas".

Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio –pensaba– me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.

Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me senté y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.

Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto... para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.

Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.

Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.

Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Entrada en la Iglesia y abandono de todos.
Mi querido amigo se despide.


No he querido exponer aquí todas las cosas que charlé con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!

El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.

Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades... o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba –si tenía sentido– desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía –jamás dio muestras de sufrir– y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.

Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.

Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. "Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades", sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. "¡El Demonio es protestante!" les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.

Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma... y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe.

La importancia de no tener miedo a la exigencia de la Iglesia Católica.
Roma... mi dulce hogar.


Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.

Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.

A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.

Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.

Bien sé por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto –por superficiales y emocionales– de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.


Luis Miguel Boulló
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura201.htm

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